
hay quienes llevan un punto de fuego en la pupila
un vórtice por donde asoma ese demonio del corazón que nunca duerme
siempre abierto al tiempo de lo incierto deshabitado de palabras
capaz de sumergirnos en los abismos más hondos de la vida
y elevarnos a la imprevisible euforia de la ingravidez
un corazón que late como un retorno interminable a ese mundo elemental y oscuro de donde provenimos
la pasión de la noche del espíritu
esa noche que cada uno es
donde no cabe la ausencia y palpita una belleza surgida del fondo de los tiempos
un eco de lejos casi vibrando en la mirada
un idioma que irradia su propia luz buscando la que arde hasta en las sombras
la intraducible
la del mundo perdido en lo real
Mayo 17 de 2026