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839 - La demanda revolucionaria de la escritura


La literatura comienza en el momento en que se convierte en interrogación

Surge de la extrañeza del lenguaje. La interrogación no es más que el suspenso de la incerteza que engendra ese mismo extrañamiento, ya que a nuestro alrededor el mundo se va transformando sin solución de continuidad y parece que no hay grandes preguntas que formular sino fórmulas vacías que esconden pliegues turbadores e intranquilizantes. El “olvido” de la pregunta va a la par del desmoronamiento del sentido. Se vive abrumado ante una actualidad que gira en el vacío de sí misma

La literatura en la escritura se halla en los bordes mismos del lenguaje, negándolos, pero regresando a ellos, acto que transgrede la identidad del escritor situándolo en la impersonalidad y la ruptura y, que en última instancia nace de la misma escritura, escritura como acumulación de escritos heterogéneos que descentralizan la autoría y convierten al autor en testigo azorado de un montaje que lo descoloca. Con la caída de los relatos, el mundo quedó solo frente a la angustia de la falta de discursos desde los cuales tantear el sentido

El lenguaje es una especie de la escritura ya que esta parece exceder y desbordar la extensión del lenguaje. Se borran los límites desde donde se ordenaba  la circulación de los signos que ahora se ha perturbado y arrastra todos los significados tranquilizadores que cuidaban del lenguaje. Ningún elemento puede funcionar como signo sino que se refiere a un elemento ausente. Hay una remisión constante hacia el lugar de la ausencia: discontinuidad, dispersión, ruptura, demora, heterogeneidad, hundimiento, desorden, caos, alteridad: el mundo aquel que se trata de conjurar y dominar por medio del lenguaje que ya no se siente capaz de resistir la tremenda fuerza que escapa a la posibilidad de representación de lo que lo excede y lo arroja hacia sí mismo empujándolo hacia el borde, hacia sus límites

Época sin intensidades, de seres idénticos que reiteran el horizonte de normalidad, que prefieren la acogedora compañía de lo semejante, que no cuestionan su inercia, el espesor de ser sujetos de repetición. Solo desean la consecución de lo esperado de espaldas al acontecimiento. En la representación no hay verdadero pensar sino repetición de la historia de lo pensado, rumiación, ya que la impronta dogmática, conservadora y estereotipada que padecemos provoca un movimiento ilusorio, un simulacro de comunicación que apacigua la violencia natural del pensamiento e impide el movimiento real, por lo tanto, la lógica de la representación se vuelve cómplice de la deriva por el desierto de la in -significancia

El lenguaje que ha devenido literatura es una aparición de lo Otro que impregna el acto literario arrancándolo de sus propias elecciones, dejando de lado la significación, marginando la verdad y alejándose de la comunicación. Son las líneas de fuga que posibilitan el pasaje las que permiten hacer de lo Mismo un Otro, que empujan al sujeto a un territorio donde la incertidumbre lo aleja de la razón normalizadora a cambio de un encuentro con el acontecimiento. Es el lugar donde no es posible expresar lo que se sabe sino lo que no se sabe

Expresar el lenguaje desde el no-saber es vaciarlo de toda presunción de verdad; ese no-saber en acto es absoluto, es el horizonte de opacidad de toda certidumbre y de sus lenguajes,  emerge de la propia desaparición del sujeto como escritor, del enmudecimiento de la voz, y del acto de escritura como condición del sentido autónomo. Hace de la escritura un acto que asume la negatividad como modalidad de experiencia límite. No hay un fondo, el espacio de la escritura ha de recorrerse - instaura sentido sin cesar al tiempo que se evapora - Así, la escritura entra en una instancia revolucionaria en sentido propio al rehusarse a la cristalización del sentido

Hoy existe en la escritura una  tensión entre lo que se vive como la imposibilidad de representar el mundo y su narración. La constatación repetida de este fracaso no permite un cierre y paradójicamente pareciera actuar como un estímulo para la prosecución del relato que no cede y que no deja de impulsarnos hacia una transformación incierta del mundo y de la sociedad. El lenguaje se despoja de la palabra y hace casi ininteligibles sus restos, pero en la escritura habrá de tropezar de vuelta con las palabras ambiciosas, sedientas de significar algo, por lo que la literatura no declara su fracaso, se construye en torno a él con un lenguaje que también es límite y fracaso

Por lo tanto, el esfuerzo de la escritura no es sobreponerse a esa condición sino perseverar en ella, y así, de este modo,  la escritura no narra sino la historia de su desacomodamiento, y su único triunfo es nada más que ella misma

Si el relato acudiera a la representación perdería su autonomía para ponerse al servicio de un referente, pero tampoco eludirlo es el caso, ya que perdería el vínculo que lo une a lo real. La narración que recorre el texto pareciera ser el relato de los obstáculos que atraviesa el discurso, la experiencia de su desorden, de la anarquía y de la discontinuidad de las palabras al ser solo presente. Pero, hay que tener en cuenta que, a veces, la verborragia no es lo opuesto al silencio sino una de sus formas literarias

Por eso surge esa exigencia de nombrar la relación con lo desconocido que es irreductible al no-saber, y que hace patente la negación, expresándola en un giro asombroso e insólito del lenguaje. Este giro es lo neutro, y es el dominio del no-saber. Es lo que escapa a la naturaleza del pensamiento del lenguaje del sujeto de la historia. Sin embargo, se hace presente como  una fuerza disruptiva, oblicua, opaca, irrecuperable, una huella reconocible como no-presencia

Lo no-conocido-lo neutro-no será revelado sino indicado. Es ajeno a la presencia y a la visibilidad. Es una disponibilidad abierta al acontecimiento

En la escritura cada gesto es en sí un punto en el que se quebranta el sentido de la letra y la obra pareciera generar una imagen precaria del desconocimiento

Escribir es plasmar palabras, y, para quien escribe, la infructuosidad aparece como fundamento de la obra. No hay una comprensión, hay un encuentro entre lector y escritor en el vértice de una experiencia de eso que aparece como ausencia, un no-ser del lenguaje como comunicación y que emerge solo del devenir de la palabra

La experiencia límite es la que está fuera de todo cuando el todo deja todo afuera, la experiencia de cuanto queda por alcanzar cuando todo está alcanzado y por conocer cuando ya se conoce todo : lo inaccesible, lo desconocido, una interrogación que brota desde el fondo de la inexistencia

La literatura no tiene verdaderamente objeto pues es un gesto intransitivo y en esa limitación  se consume. Jaqueada por una demasía de interferencias, la narración renuncia a articular los hechos linealmente, por eso, hoy las obras se leen desde la perspectiva del límite; el sentido es la reducción de la intencionalidad. Es un territorio autónomo, sin contornos y sin reglas

La nueva escritura nos redirige hacia el exceso, eso que resta estructurar. Todo exceso se realimenta de sí mismo, aspira a ser puro exceso, pero al mismo tiempo, afirma la persistencia de aquello que excede. Es preciso desobedecer la ley del texto, atravesar el límite infranqueable que lo rechaza pero que precisa y estimula la transgresión

 

Octubre 28 de 2025